Keblinger

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Vértigo en tus dedos...

| jueves, 13 de noviembre de 2008
Esto es lo que pasa
cuando pasa tu mano;
cuando al final de tus dedos,
empieza mi espalda.

Son tus dedos,
principio de mis sueños,
primera luz de la noche,
y el tobogán rojo de aquellos años.

Tus dedos por mi espalda,
como Viernes al mediodía, al salir del cole;
tus dedos, tibios como manoplas,
al entrar en casa tras una tarde a 0º.

Encontrar tu mano, descendiendo,
mimando mi piel, sacando suspiros de hielo;
tus dedos, sí, otra vez,
tus dedos, ¡oh!, tiernos igual que seda,
veloces y felices, igual que rayos,
tensos, arrancando cosquillas.

Eres dulce, y dulce es nuestra noche;
ellos son eternos,
deseados, viajeros, desbocados;
mi cuerpo es sólo su puerto,
y tus besos, el próximo avión.

Tus dedos, tu tacto, tu aliento,
siempre al filo de lo inolvidable;
nuestros sueños, unidos al amanecer,
transportándome, viviéndome…
Vuelvo a saborear un sabroso bocata con 6 años,
revivo un chapuzón en el río de Agosto…

Y regreso;
regreso, sólo para proyectarme otra vez,
para ser tu piano,
tu lienzo, tu tarta, tu regalo envuelto,
viviendo notas de mil sensaciones,
al pasarlos,
intensos, vivos, eternos,
tus dedos incandescentes,
siempre por mi espalda…

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