Viajando a través
de un paisaje extraño,
entre el sueño y la vigilia,
me encuentro mirando
hacia un disco en el cielo.
Parece que la magia consiga
que un aura plateada ilumine el aire.
Puede ser que el suelo,
y su hermano, el mar,
se reúnan con el cielo…
Y allá donde los ojos no alcanzan,
dulce casualidad,
quizá se posen los amores perdidos,
junto a las promesas sin cumplir,
y quizá ambos,
duerman un sueño inquieto.
De vez en cuando,
si escuchamos,
las voces de las gaviotas
nos indican el lugar…
Y también, de tanto en tanto,
este corazón loco que albergamos,
pide por una vez,
sin hablar,
con palabras de otro lenguaje,
encenderse sin aviso,
sin orden ni comando.
Como un papel caprichoso en el aire,
como aquel lugar,
lejano e intuido,
donde bailan,
traviesas y olvidadas,
las luces de la noche…
(P.D.Para una noche de luna llena...)


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