Keblinger

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LA ANSIEDAD DE LAS COSAS

| miércoles, 11 de noviembre de 2009



Caminando por un cielo de césped blando
y respirando el aroma del mar deseado.
Corriendo por el paseo de baldosas
y dejando que la mente silencie su voz.

Hay un estanque donde se puede parar a descansar,
y su agua refleja un rostro desconocido.
Dos estatuas rodean la fuente,
y miran hacia el agua buscando el infinito.

Praderas de amarillo y oro
que se ondean al sol del viento.
Árboles sabios al fondo
que cierran filas frente a todo.

Un acantilado durmiente
que pelea contra las olas jóvenes.
Un paisaje cortado a cuchillo
como una tarta, devorada por un niño.

El sonido de neptuno arañando la carne de gea;
que gime y disfruta deshaciéndose…
Y es que en el olimpo, han colgado el cartel de cerrado,
para bajar a la ciudad, vestidos de mortales.

Las calles guardan mil secretos,
y las terrazas de los bares, piden tardes de tertulia.
La soledad inunda los bancos del parque,
que hace tiempo, acogieron a tantas parejas…

Las paredes se van desvistiendo de pintura
para mostrar manchas que el tiempo exige.
Los pasos que antes rebotaban en ellas,
son lejanos, como un video roto en un descampado.

Las farolas van perdiendo su color
y sus luces lloran por alumbrar un poco más.
Los perros ya no paran junto a ellas
y sus correas tiran hacia la rutina.

Es un paseo por el campo inerte
que se va destruyendo a sí mismo.
Las plantas, la tierra, el viento,
ahora son casi cemento;
Pidiendo, al menos, una hora más,
Para poder contemplar, al menos,
la puesta de sol.
Los ojos del horizonte.
La lejanía de aquellos días felices,
que todavía podemos ver,
cuando acaba la tarde…

El Oscuro pasajero

| viernes, 6 de noviembre de 2009
Niñez,
años tiernos, vivos, luces,
saliendo de mis dedos.
Y la primera visita del turista,
del errante, que vino para quedarse.

Adolescencia,
años convulsos, promesas de cambio.
Jardín de flores crecientes,
sombra de plagas, de insectos hermosos,
escondidos, expectantes.

Madurez,
realidad vista desde el suelo.
Desde los ojos de la serpiente,
siempre a mis pies.
Y mi querido acompañante de viaje.
Mi amigo, mi prisionero.
Mi enemigo, mi carcelero.
Mi siniestro compañero de celda.
Esta bella plaga,
dispuesta a desbordarse,
si olvido regar el jardín.
Viajero inevitable, te acepto,
oscuro pasajero...
 

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